Cambio de plano:
La persona que está barriendo es una mujer que tiene un vendaje en un ojo y un cigarro en la boca.

Está tatareando.

Cuando el álter ego se acerca a ella y le pide el desayuno, la mujer responde con toda naturalidad que entre en la casa y vea lo que hay.

Sólo cuando el álter ego ha entrado en la casa, su cara adquiere una expresión de escepticismo.
Cambio de plano:
El álter ego entra en la casa y se queda estupefacta al ver la decoración, una decoración extraña, muy colorida, como si de un circo se tratara.

La escena transcurre en penumbra. Mira despacio a su alrededor, escucha ruidos que provienen de otra habitación.
Cambio de plano:
Plano cenital desde el punto de vista del álter ego, desde abajo. Un duende completamente calvo y con un bigote está cocinando una gran tortilla subido a un taburete.

Una mujer de mediana edad, maquillada y con ropa extravagante, se encuentra sentada a la mesa. La piel alrededor de su boca está estropeada y enrojecida. Es una tragafuegos. Está hablando con un contorsionista; más que estar sentada en la silla se balancea sobre ella, en una posición absurda con una taza de té en una mano y un periódico en la otra.

El álter ego permanece dubitativa en la puerta.

En cuanto los otros se percatan de su presencia, le preguntan entre risas por qué ha cambiado y le dicen que "suba y avise a las otras chicas" porque ya está casi listo.

El álter ego obedece y abandona la habitación.
Cambio de plano:
De vuelta en el pasillo, la chica ve unas escaleras de caracol. Comienza a subir por ellas.
Cambio de plano:
La puerta está cerrada. En la habitación se oye un fuerte griterío infantil. El picaporte se gira lentamente y el álter ego aparece en el pasillo.

Esta vez no puede ocultar su sorpresa y terror. Cinco chicas, todas idénticas a ella pero ataviadas con elegante ropa de gimnasia, están jugando, arrojándose cojines las unas a las otras y haciendo acrobacias saltando de una cama a otra.
Cambio de plano:
Plano subjetivo cerca del suelo. Un hombre muy bajito se mueve de un lado a otro frente a la casa sin dirección concreta, mirando a su alrededor.

Mientras deambula, algo atrae su atención. De repente se vuelve y rápidamente retrocede unos pasos.

Justo debajo de él están los ojos de la chica enterrada. Sus miradas se encuentran.

Plano desde el punto de vista de la chica enterrada. El hocico de un perro se acerca con curiosidad a la cara enterrada.

No puede hacer nada excepto mover los ojos.